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Columna de Modesto Gayo: Chile: Entre la “involución silenciosa” y la sociedad neo-estamental

02 / 07 / 2024

Modesto Gayo – El Desconcierto

A pesar de lo que pudiera parecer, el neoliberalismo a la chilena y la cocina de los Chicago Boys, la Constitución de 1980 y su estado subsidiario, y la extrema mercantilización de la vida económica -y sobre todo social- no han llevado a un crecimiento del individuo.

De hecho, hoy se le puede ver -al individuo- como un agente con lazos sociales débiles, cuya justificación de sí mismo depende de la demostración de su valor pero, justamente, el reconocimiento ha estado lejos de depender de su desempeño individual.

Evidentemente no es posible negar las historias en las que formas de mérito se han abierto camino, puesto que siempre ha habido y habrá un espacio más o menos amplio para ello. Mi argumento es diferente, y consiste en defender que el aparente individualismo chilensis produce una apariencia de individuo moderno occidental, dentro de una estructura neo-estamental, que impone jerarquías de valor dependiendo de los orígenes familiares y las trayectorias institucionales.

El individuo es fagocitado, desaparece o es funcional frente a las necesidades de una estructura social de producirse y reproducirse. Es decir, lo esencial ya no es cuán buen ingeniero civil es usted, sino que si proviene de la U. de Chile o de la PUC. No se trata de la admiración por el dominio de la lengua española, sino si la persona se formó, o no, en un colegio privado y de élite.

Uno podría afirmar rápidamente que esto sucede en otros lugares, en sus diferentes modalidades. Buenos y recurridos ejemplos serían las universidades de la Ivy league en Estados Unidos y la fórmula Oxbridge en Inglaterra, ambos en el contexto de países con fuertes políticas neoliberales y muy desiguales en términos económicos.

Y reconociendo que si bien igualmente son ejemplos de sociedades con una evidente transmisión de privilegios dentro de las familias, sus ciudadanos han incorporado una cultura del reconocimiento individual que está a millas de distancia de nuestro ejemplo sudamericano.

Chile compró el modelo de ISAPREs y AFPs, la mercantilización de las farmacias, la sobreexplotación de sus aguas, la expansión desregulada de la educación superior, la inversión y gestión multinacional de los recursos minerales, la privatización y oligopolización de la producción forestal y la apertura comercial global, para finalmente quedarse detenido en ¿tú estudiaste en la Chile o la Católica?

Parece un desbalance entre dos lógicas y dos tiempos diferentes, incompatibles. Es como si hoy, con tablets y autos eléctricos, viajes a bajo precio y liberación sexual, tuviésemos una conversación del siglo XIX. En este sentido, se podría sostener que los profundos cambios descritos vivieron en paralelo a un fenómeno opuesto al de la conocida como “revolución silenciosa”, idea elaborada por sociólogos norteamericanos en referencia al cambio de valores en Estados Unidos desde los años 50 y 60.

En Chile se podría argumentar que se ha venido produciendo una “involución silenciosa” como expresión de la resistencia de los estratos más acomodados, en un sentido amplio, al ascenso y reconocimiento del mérito de las clases medias y bajas.

Esta resistencia a través de los acentos, de las preguntas sobre el colegio de origen y los apellidos, de la mueca impertinente, constituye un ejercicio de violencia simbólica, o de marca de límites entre estratos sociales, que produce y reproduce fronteras entre clases sociales cuyo objetivo es hacer los saltos entre ellas insalvables, e incluso poco deseables.

Esta involución silenciosa es la marca de una sociedad que dice abrazar el cambio, pero en realidad donde los beneficios económicos son para sus estratos superiores, negando la sustancia de la transformación cultural que falsamente promete, y el reconocimiento individual de ciudadanos de desempeño meritorio “sin apellidos ni colegio que rastrear”.

Por Modesto Gayo, académico Sociología UDP, en El Desconcierto.

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